Carapao

“Nos gusta la ropa hecha con mimo, como cosían las antiguas modistas”

Amparo y Marta son las creadoras de Carapao, una firma de moda y ropa para el hogar confeccionaba como se hacía antaño, con cariño, con tiempo y artesanalmente.  Desde el origen, la marca apostó por fabricar sin prisas, con materiales naturales de primera calidad: lana, seda, terciopelo y lino, todo ello para un paladar selecto que sabe reconocer el trabajo bien hecho.  Pero Carapao es también el nombre, en portugués, de un pez, el jurel, Marta y Amparo decidieron este nombre para su marca porque la idea nació entre España y Portugal, donde veranean. Querían atrapar ese espíritu que tienen las cosas especiales, prendas con alma y personalidad que se quedan en nuestra familia, heredándose de madres a hijas. Con estas ideas Marta y Amparo tenían muy claro que Carapao apostaba por una producción pequeña, artesanal, trabajando con productores locales que les ayudasen a cuidar los detalles y a sentir cada prenda como un trocito único de Carapao.

¿Cómo nació Carapao?

Tenemos una casa en Portugal y conocíamos una fábrica tradicional, muy antigua, que hacía linos. Habíamos ido muchas veces a comprar telas para hacernos ropa. Cuando regresábamos a Madrid a la gente le gustaban esos modelos porque eran diseños que no encuentras en ninguna tienda, ni las telas, ni las hechuras, esas telas son difíciles de encontrar. Es ropa muy sencilla, bastante bien hecha y las telas, de bastante calidad. Y un día se nos ocurrió ¿Por qué no hacer ropa para otros? Encontramos una costurera y comenzamos a diseñar.

La sostenibilidad era uno de los valores de la marca desde su concepción

Desde el principio. Pensamos que el cliente debe saber cómo y dónde se hace la ropa que compra. Por eso contamos en las etiquetas toda la historia del producto, cómo está hecho, dónde, por quién y en qué condiciones. Creo que si tienes toda esa información te será más fácil decantarte por una prenda como las que hacemos en Carapao. Queríamos promover negocios locales, la artesanía, la calidad, recuperar tradiciones, y la vuelta a los pequeños talleres de costura que trabajan cada prenda con un cariño especial, todo ese mundo que nos encanta.

¿Cómo responde la gente ante la historia que contáis en la etiqueta de cada prenda?

La gente aprecia nuestra forma de entender la confección y creación de ropa; les encanta enterarse de dónde vienen los tejidos y cómo se ha fabricado lo que va a llevar puesto. En nuestra última visita al Mercado de Motores en Madrid, el público tocaba las telas, y les llamaban la atención el tacto de las lanas, los linos o la suavidad de los terciopelos. Muchos se sorprendían de las colchas. Son telas que hemos teñido nosotras mismas y que están bordadas a mano. El comentario general era: esto ya no se hace. Creo que es importante buscar tu sitio, y el nuestro está en la búsqueda de las cosas bien hechas, elaboradas con tiempo y mimo.

Trabajáis con artesanos, talleres de costura y pequeñas fábricas. ¿Dónde encontraís estos colaboradores?

La fábrica de las lanas, que está en la Sierra de la Estrella en Portugal, estaba a punto de quebrar, y la han recuperado. Incluso siguen funcionando los telares antiguos. Es un lujo ver cómo trabajan con métodos tradicionales. Son pocos trabajadores, pero han decidido volver a hacer las cosas como antes. Han restaurado toda la maquinaria para mantener la manera de trabajar del pasado. Al visitar esas maravillosas fábricas nos hemos encariñado con esta gente que ha vuelto a poner en marcha negocios que parecían abocados a desaparecer, y muchos de los operarios que trabajan allí llevan toda la vida dedicados a eso y ves una dedicación y un interés por hacer las cosas bien que nos ha cautivado desde el principio. La fábrica de lanas se llama Burel Lanificios Imperio están haciendo cosas maravillosas y curiosas, usan mucho fieltro para abrigos, adornos de navidad, butacas, un fieltro muy bueno de pura lana. Las ovejas son de la zona y la lana es muy apreciada, venden mucho a Gran Bretaña. Con el lino pasa algo parecido, la fábrica es de 1800, y su lino es muy conocido y también las sábanas. Los linos son producidos en el norte de Portugal, los terciopelos de seda son de Marruecos, teñidos con tintes naturales. Además nos implicamos mucho en el proceso, nos apasiona saber quién hace nuestras prendas y cómo las hace, hablar con las costureras, y darnos cuenta del cariño con que cosen cada falda o abrigo, porque eso se nota en el resultado final: están bien cosidas, ninguna prenda es igual a la otra, y buscamos que cada una tenga, por ejemplo, un forro diferente. No hay dos piezas iguales, cada pieza es casi única. Creo que eso también está volviendo: no queremos ir todos iguales, preferimos vestir ropa hecha con mimo, como la que hacían las antiguas modistas. Podían partir de un figurín pero le daban un toque para que se adaptase a tu cuerpo y estilo. Con el taller que trabajamos, todo se hace bajo pedido. Aquí, en Madrid nos ha sido imposible encontrar bordadoras. Tenemos una en Portugal que nos hace vainicas para las sábanas, bajo pedido también, bordadas a mano.

España ha sido un país muy rico en artesanía donde las cosas se han hecho muy bien, pero llegó un momento en que no se valoró. ¿Estamos volviendo a recuperar esa forma de hacer las cosas?

Pensamos que las cosas bien hechas duran más. A lo mejor pagas más pero lo que adquieres tiene más calidad. Tengo unas botas de cuando mi madre tenía veinte años que se las hizo un señor y las sigo usando yo. Están tan bien hechas que parece que durarán toda la vida. Nos encantan ese tipo de prendas que incluso pueden pasar de generación en generación. No nos interesa la ropa perecedera, lo nuestro son los diseños atemporales, crear prendas que siempre estén en tu armario, y que te guste ponerte en todo momento, no esas prendas que son el fruto de una corriente momentánea que obedece a dictados caprichosos.

¿Cómo es el proceso creativo?

A la hora de diseñar nos compenetramos muy bien porque nos gustan las mismas cosas, nos compramos ropa parecida, aunque siempre le queda mejor a ella (comenta Amparo). Nos inspira mucho la ropa del pasado, y hacemos dibujos que luego llevamos al taller.

¿Como está resultando la aventura de Carapao?

Le estamos poniendo mucho cariño. Sabemos que nuestra ropa es un poco más cara pero estamos ilusionadas con lo que hacemos. Hay gente que nos sugiere que hagamos esto así o asá para seguir la tendencia del mercado, o para vender más, pero yo les digo, “eso no es lo que queremos”. No queremos contar una historia y luego vender cualquier cosa, no se trata de montar un negocio a toda costa, sino de hacer lo que nos gusta, en lo que creemos. Yo era aparejadora, y un día lo dejé porque es un mundo que ahora está feísimo y se hace todo mal y se paga mal o no se paga. Por eso elegí algo con lo que disfruto y en lo que creo. A veces me gustaría repartir un trozo de tela y poner a la gente a coser para que valorase el trabajo artesanal. Yo me bordé una colcha y es uno de los grandes tesoros que tengo. No la vendería por todo el dinero del mundo. Pero, lamentablemente, hoy no valoramos el trabajo de los demás. Por eso se están perdiendo las tradiciones artesanales que exigen tiempo y esfuerzo, y la gente no parece dispuesta a pagar por ese trabajo de calidad.

¿Llegará un día en el que consumamos más conciente y responsablemente?

El cambio de mentalidad va llegando, poco a poco, pero es necesario que el consumidor conozca otras opciones y pueda elegir y decidir. En el entorno europeo, hay países como Holanda donde la gente está más concienciada. Allí es frecuente que las etiquetas informen de la historia del producto, para que el consumidor sepa lo que compra. Creo que estamos llegando al límite, y que cada vez será peor visto que las empresas trabajen en fábricas donde no se respeten los derechos de los trabajadores. Todos somos un poco culpables, debemos ser más responsables con lo que llevamos puesto. El consumidor debe ser el que penalice a las empresas que no demuestren buenas prácticas sociales y medioambientales, pero hay que ser optimistas: mira lo que ha pasado con las bolsas de plástico, un día se decidió concienciar e informar de que no eran buenas y ahora se usan mucho menos, se ha conseguido cambiar el hábito en poco tiempo. La crisis que nos está pegando a todos, te ayuda a ser más consciente de a quién contratas, por qué sueldo, cómo pagas. Cuando eres consciente del trabajo que realiza la gente estás dispuesto a pagar por él. Hay que hacer un cambio de mentalidad.

¿Qué estáis preparando?

Estamos diseño ropa de casa, sábanas, colchas, manteles, batas y camisones. Además crearemos una nueva colección muy pequeña. Prendas que diseñamos pensando en ese grupo de personas que valoran la calidad y la artesanía.

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Fotos cedidas a Caras de la Información por Social&People y Carapao

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