Santiago Esteban

La creación es una forma de comunicarse consigo mismo, nos cuenta Santiago Esteban, pintor y creador audiovisual.

Una expresión, la pintura, que le acompaña desde pequeño, y que ha decido exponer a la mirada de los otros, intentando que  se pierdan en la naturaleza y el asfalto y en ese encanto de lo cotidiano donde confluyen la oscuridad y la dulzura a través del color. Un mundo cromático liberado de convencionalismos que reivindica una visión personal y vitalista del mundo.  Su obra explosiva y colorista,  una carta de amor a la energía, puede admirarse todo este mes de febrero en el Centro Cultural Nicolás Salmerón.

¿Cuándo entra en tu vida la pintura?

Siempre ha estado, a través de mi padre que es arquitecto y de su hermano Enrique que es pintor. He crecido en un entorno de arte y diseño  y al final ese ambiente te influye y acabas dedicándote a esto.  

Pero hasta hace algunos años te habías centrado profesionalmente en la creación audiovisual en tu productora Creepy Tipi o dirigiendo videoclips y documentales. 

Si pero he mezclado toda la vida ambas cosas:  el arte y el diseño audiovisual. Soy de los primeros que hizo el bachillerato de Arte, y siempre he necesitado comunicar esa expresión creativa. Recuerdo que mi padre me decía que el cine era la mezcla de todas las artes, una forma perfecta para plasmar pintura, arquitectura, música, porque yo también hago música, y en mi siempre ha habido esa necesidad de comunicarme conmigo mismo de diferentes maneras,  como una terapia. Pero también como comunicación con los demás. 

¿Cómo ha sido exhibir tus obras, exponerlas a la mirada de los otros?

Tenía mucho terror a eso. Pero ha sido muy interesante recibir una respuesta del público tan positiva. Comprobar cómo personas tan distintas se sienten atraídas por tus pinturas. El feedback ha sido muy interesante porque me ha permitido establecer lazos con la gente real y saber que sienten ante mi obra.

¿Cómo influye tu vida en tu obra? 

En mi caso pasar un cáncer me ha cambiado mucho la perspectiva, eso y otros acontecimientos personales. Y me ha permitido canalizar vivencias a través de la pintura. Fluir por colores. Lo necesitaba. Era una búsqueda para pensar en algo dulce y relajarme. Cuando sientes  tu cuerpo morir necesitas luz y lo ves todo desde una perspectiva muy diferente.

Dices que tus cuadros son una reconciliación con el entorno, un abrazo al cambio, donde los colores reclaman reír, hablar, chillar y susurrar.

Si es como sentir esa chispa parecida a cuando te enamoras o te gusta mucho alguien. Ese brillo que te sale por los ojos. Es una sensación un poco cursi. En mi obra nunca busco lo pedante de una estructura y contar un diálogo que en realidad solo voy a entender yo y lo tengo que explicar. Quiero que el cuadro hablé por sí solo y que diga algo que atraiga. Y por eso la respuesta ha sido tan positiva porque atrae a amantes del arte y a personas que no tienen ni idea de arte, y eso me parece super agradable. Yo tengo una forma de ser un poco más oscura y por eso en este momento necesitaba sacar esta parte más dulce. Porque si te das cuenta en mis cuadros también hay cierta violencia en los trazos. 

¿Cómo es ese proceso creativo?

Empiezo por trazo y además es un trabajo que hago todos los días. Buscas algo que te atraiga, alguna imagen que te parezca interesante, pero también a veces cojo una imagen para ver que se puede sacar, a partir del trazo  empiezo a ver colores y a ello me ayuda mucho la música. Siempre pinto con música, porque asocio el color a los sonidos. Y necesito trabajar rápido para mantener durante todo el tiempo la tensión creativa. No soy perfeccionista porque no me gusta que la obra pierda su alma, me gusta pintar mientras se mantiene esa explosión y que fluya todo lo que tengo dentro. No quiero que mis cuadros resulten muy elaborados por eso me dejo llevar, me arrastro porque quiero que resulte fresco e impulsivo.

Has expuesto en Alicante, en Gijón, en Noja, en Madrid en diferentes salas y espacios Siroco, Leka Leka, La Recova, Casa Filete y este mes podremos admirar tu obra en el Centro Cultural Nicolás Salmerón. 

Ha sido un año muy intenso. He tenido en este año unas nueve exposiciones. Es una burrada pero el trabajo ha tenido una buena acogida y me han pedido que expusiera en muchos sitios. Pero hay que buscar espacios continuamente. Encuentro que hay un momento de aburrimiento social y lo veo en todas las artes, en el cine, la música no siento influencias que sean potentes y que perduren a lo largo del tiempo. Todo este mes de febrero expongo en el Centro Cultural Nicolás Salmerón de Madrid y me hace mucha ilusión ver mi obra en un Centro Cultural en Madrid porque te acercas a un público muy variado.

¿Hay un vacío creativo en este siglo?

Hoy con mass media somos más visibles  y se supone que tendríamos que acceder más fácilmente a mostrar nuestras creaciones pero me obsesiona la idea de que en el siglo XXI  no hay nada nuevo potente y que todos vamos a ser olvidados. Esa es, por otro lado, una de las partes divertidas, solamente va a quedar Picasso. Todo evoluciona muy rápido igual porque tenemos demasiada información y todo queda caduco al día siguiente. Pero es increíble que sigamos citando a pintores de otro siglo, que sigamos hablando de Hockney o Warhol y muy poco de pintores nuevos.  Creo que en este siglo todo va a morir y por eso la importancia que se da el artista no tiene sentido. 

¿Pero hoy se puede vivir de la pintura?

La pintura es como tener un grupo indie todo lo que ganas por un lado lo inviertes en ella  para seguir creando. En ocasiones tienes muchos bolos y te va bien  pero no puedes vivir exclusivamente de ello. Porque además, a veces los artistas tenemos esa vergüenza a cobrar por nuestro trabajo. esa sensación de que nos prostituimos, que no existe en otras profesiones, pero la triste realidad es que necesitamos comer como cualquier ser humano.

Además has trabajado como realizador en el documental “Rodar en andaluz II”. ¿Cómo ha sido este trabajo documental?

Es la segunda parte del documental que hemos hecho sobre el cine andaluz dirigidos por Eduardo Trías y producidos por Pedro Pinzolas. El primero era sobre los directores de los 70 y este se centra en los creadores de cine de los 80 en Andalucía. Probablemente se presente, como el primero, en el Festival de Málaga. Cuenta las experiencias de gente como Gonzalo García Pelayo, Pilar Távora, Joaquín  Arbide cineastas muy interesantes y también movimientos como el denominado “Colectivo del Bodrio”, un grupo de cineastas que se dedicó a hacer super-8 amateur con sus cortos iconoclastas, Antonio Cuadri, Aurelio Domínguez, Luis Manuel Carmona y Francisco Perales, entre otros. 

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Rodar en Andaluz

Todas las fotos cedidas a Caras de la Información

por Santiago Esteban

 

 

 

 

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